
Helena había tenido unos días nefastos, mucho trabajo, los ánimos por el suelo y una regla que la hacía parecer una adolescente, con molestias y sin ganas de nada…
No sabía nada de él, ni siquiera si quería volver a saber de ella, le había dicho que tranquila, que regresaría de su viaje pero el paso del tiempo hacia que cada hoja del calendario que rompía se convirtiese en un contra esperanza.
Su mente le repetía “si tiene que volver, lo hará, no lo dudes, tu no dudas, eres segura, y además ni siquiera sabes si lo quieres” así que al salir del trabajo al medio día, se dirigió a casa, se quito la ropa que había llevado al trabajo y se fue al baño, se había duchado hacia menos de cuatro horas pero su cuerpo necesitaba más agua, sobre todo lo que necesitaba eran mimos y estaba dispuesta a dárselos.
Rasuro su sexo despacio, con mimo, no le gustaba sentirlo con vello y se metió en la ducha, no abrió el agua caliente, quería sentir su piel helada y el golpe del agua endurecer sus pezones, ciertamente estaba despertando el deseo que llevaba dormido días.
Se envolvió en una toalla y no se seco, le gustaba sentirse húmeda, subió a su dormitorio y se tumbo en la cama, abrió el cajón de su mesilla y saco un pequeño embase de lubricante aunque no le hacía falta y a su amigo favorito, un vibrador de silicona que le levantaba el ánimo en muy poco tiempo.
Lo puso en marcha y se lo introdujo hasta el fondo de su vagina, dándole a la mayor velocidad a la vez que el anexo comenzaba a estimularle el clítoris, sabía que no podría aguantar mucho, ni recordaba el último orgasmo y aun así, pellizco su pezón para subir el nivel de placer.
No pasaron ni tres minutos cuando ya gemía de placer intentando alargar un orgasmo demasiado intenso y rápido, echaba de menos sentirse penetrada y recordaba unos de los momentos pasados con el….
Cerró los ojos relajada y se quedo dormida….
Pasaron dos horas y despertó con un sobresalto, el orgasmo había sido enorme y placentero cuando se dio cuenta que llegaba tarde al trabajo y que este segundo orgasmo había sido soñado, una enorme cama blanca, unos brazos que le cogían los pechos y ella cabalgando sobre el pene erecto de él, era tan real que estaba aturdida cuando se vistió y salió corriendo hacia el trabajo.
Sonreía, sabía que el sonreiría por haberse mimado así y haberlo hecho pensando en él, porque la distancia no importaba, el placer recordaba que la mente es poderosa y más si está llena de recuerdos…
Venus
No hay comentarios:
Publicar un comentario