
Al salir del bar., él le pego un fuerte azote en el trasero. Su grito nunca se escucho, pues su boca se ajusto a la de ella y sus manos se deslizaron por su cuerpo hasta su trasero, atrayéndola hacia él.
- Nena hoy te escocerá el coño.
Frente a ellos apareció un hotel.
Mientras ella pedía una habitación, las manos de el recorrían su espalda, pasando por su culo y entrando entre los pliegues del vestido rojo.
Entraron en el ascensor, él rodeo su cuerpo oprimiendo sus pechos y oprimiéndola hacia él para hacerle sentir la potencia de su polla. Sus labios se pegaron a su oreja y en un susurro le dijo.
Nena hoy veras el cielo.
Entraron en la habitación, el acerco su boca a su cuello observando cómo se erizaba su piel. Sus manos desabrochaban lentamente los botones del vestido. Lentamente lo dejo caer, mientras sus dientes recorrían su cuello.
Ella se retorcía como una adolescente, sus manos recorrieron su espalda, desabrocharon el sujetador. Su boca recorrió la espalda, mientras una mano bajaba la tanga, la otra se adentraba en su coño. Le dio la vuelta y la apoyo contra la pared. Cuando hubo bajado la tanga, cogió su pierna la puso en su hombro y su lengua busco el clítoris.
Nada más tenerlo en su boca, ella agarro su cabeza con sus manos, a la vez que su cuerpo subía y bajaba, buscando el placer de sus dedos.
Su cuerpo no aguanto mucho y una corriente eléctrica lo recorrió, a la vez que un grito salía de su garganta.
Mientras su cuerpo temblaba, sus manos asían con fuerza la cabeza del contra su sexo. Estaba caliente como una perra y solo quería disfrutar.
Mientras ella temblaba, el la cogió en sus brazos y la acerco a la cama sus bocas se juntaron, mientras sus manos recorrían sus cuerpos. El sabia que quería su polla, pero tenía que hacer que le pidiese, que le suplicase.
Su boca recorrió nuevamente su cuerpo en un lento vaivén el que ella se estremecía sin parar. Por fin la lengua alcanzo su objetivo, el clítoris. Sus pausados movimientos hicieron que ella entra en juego. Sus piernas rodearon su cuello intentando que la lengua fuese más rápido. Aunque no le importaba su lentitud, la estaba disfrutando como nunca.
Un rico calor recorrió su espalda, su cuerpo se arqueo para recibir esa lengua lo más fuerte posible. Hasta que otro orgasmo rompió en su cuerpo, sus piernas rodearon su cuello atrayendo hacia el sexo. Así pudo disfrutar de cada segundo de ese orgasmo.
Príapo
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